Somos carne de cañón de publicistas y nos toman para la chacota. Difícilmente encontremos una publicidad de oficinas u oficinistas en las que nuestros colegas protagonistas no nos inspiren lástima, risa o desprecio. Y creo que está bien que así sea. El estereotipo es indiscutible y contundente y todos los días encontramos situaciones o personajes como los de los comerciales, tan sólo basta con mirar al costado y ver una Nelly, un Jorge, una Silvana o un Mario.
En esta publicidad, por ejemplo, tenemos un jefe hinchapelotas que no es capaz de levantar el tubo para pedir algo, un oficinista eterno con un poco de mala onda y El Nuevo, en sus desesperados intentos por integrarse a un ambiente de trabajo jurásico. Menos mal que tenía un paquete de Menthoplus en el bolsillo.
En esta publicidad, por ejemplo, tenemos un jefe hinchapelotas que no es capaz de levantar el tubo para pedir algo, un oficinista eterno con un poco de mala onda y El Nuevo, en sus desesperados intentos por integrarse a un ambiente de trabajo jurásico. Menos mal que tenía un paquete de Menthoplus en el bolsillo.
