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miércoles, 17 de marzo de 2010

La Política en la Oficina

Defiendo a capa y espada el concepto de que cada acción humana conforma un acto político. Considero esta afirmación como una verdad con status científico aplicable aun a los ciudadanos comunes en su interacción con el medio y el resto de los individuos. Hasta con su propio cuerpo. No hace falta formar parte del Estado ni actuar dirigidos concientemente por la ideología; sostengo irreductiblemente (y no soy el primero ni el último) que cada mínima cosita que hacemos es una mínima cosita política.

Y la oficina, le pese a quien le pese, es un escenario plagado de chicos, medianos y grandes actos políticos. Desde las decisiones que se toman en el directorio de Clarín, hasta las políticas de salud que se deciden en un Ministerio, pasando por la política de dividendos que se lleve a cabo desde un holding extranjero, o las charlas matinales sobre la "inseguridad", "el uso de las reservas" o la imagen de un candidato. Todos son actos políticos, y ya es hora de que empecemos a tomar conciencia, no sólo de que esto es así, sino también de que dichos actos condicionan en mayor o menor medida nuestras pequeñas vidas.

Y tomar conciencia tiene que llevarnos, indefectiblemente, a involucrarnos. Si no lo hacemos, estamos eternamente condenados a ser presa de los caprichos de los Grandes (grupos de poder, aparatos políticos, instituciones policiales del Estado y privadas, etc.). Simplemente por eso, por no ser escalvos concientes de Otros y de nuestra propia abulia. Para poder ser un poco más libres.

Pero más allá de las conceptualizaciones del tema, que son infinitas, me gustaría detenerme en los dos grandes grupos de personas que encontramos en nuestras jaulas laborales: los que se consideran "politizados", y los que se consideran "apolíticos".

Llama la atención que estos últimos suelen autodefinirse como tales y, en general, lo hacen orgullosos y atajándose para que no les pregunten nada, o para dar un marco "aséptico" (porque la política es infecciosa) a alguna opinión -generalmente sin fundamentos- relacionada con la actualidad. Me molestan. Me molesta antes que nada su ignorancia. Su falta de conciencia de lo mencionado en el primer párrafo, pero sobre todas las cosas, su estrechez para incorporar nuevos conceptos, para cambiar de opinión, para abrirse a la idea de que aunque se definan de esa manera, ellos no son apolíticos. Por más que quieran, no pueden. Decir que son apolíticos ya es un acto político, si no les gusta ningún político, o partido, o no se identifican con ninguna ideología o dogma, ya están llevando a cabo un acto político. Decir que son apolíticos es lo mismo que decir que son "aseresvivos". Si lo dicen para evitar polémicas, ese acto de cobradía (o desinterés) también es un acto político. Y por último, si lo dicen porque es lo que heredaron de la puta dictadura militar, crezcan de una buena vez, ¡independícense, carajo! Entiendan esto: que haya muchos políticos que son una basura, unos corruptos, unos chantas o unos holgazanes, no quiere decir que la política sea una mierda. La necesitamos y necesitamos mejorarla día a día porque es la única forma de vivir mejor. La política no se mancha, señores.

En las antípodas están los que siempre, todo el tiempo, sin parar, quieren hablar de política. A veces se les va la mano. A veces se vuelven insoportables. No se puede polemizar la política todo el tiempo. Estén del lado que estén, entiendan que son más las veces que están de acuerdo que las que están en desacuerdo, aun cuando no se dan cuenta. Y por favor, traten de apuntar a desarrollar un criterio propio, formen sus opinones buscando informarse de varias maneras (¡una sola no alcanza!) y siempre piensen qué hay detrás de lo que dijo fulano, quién puede estar bancando a mengano, a qué intereses responde zutano y recién ahí reflexionen, para no opinar como zombies. Esto es aplicable a todos, los de izquierda, de derecha, y de centro también.

Porque a pesar de los esfuerzos de unos cuantos de hacernos creer que las ideologías no existen más, que la derecha y la izquierda son lo mismo, que ya se produjo la muerte de las ideologías, ellas existen y forman parte de nosotros como la sangre. Aunque nos hagamos los boludos y digamos alegremente que somos apolíticos.