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martes, 6 de julio de 2010

Divididos por la infelicidad

La copa del mundo terminó en cuartos de final para la Selección Argentina, y lo que pintaba como un campeonato sudamericano, tiene a un solitario Uruguay luchando contra tres gigantes viejomundistas (dos con historia y uno con gran presente, aunque no tanto como dicen). Los dos colosos sudacas y la sorpresa guaraní ya están de vuelta en casa y cada equipo fue recibido de diferente forma. Recorramos la cuenca del Paraná desde sus orígenes hasta sus confines y degrademos las diferencias:

Brasil: en un extremo, el plantel fue recibido con insultos, empujones, lágrimas y maracuyazos por la cabeza. Su director técnico (Dunga) y el volante Felipe Melo fueron señalados como los responsables de la derrota carioca, que finalizó 6ta y repitió la salida por la puerta trasera de Alemania '06 perdiendo 2 a 1 contra una potencia europea en cuartos (hace cuatro años fue Francia, hoy Holanda). Dunga renunció, la Confederación Brasileña le revocó la renuncia y lo terminó echando a chutes em o saco. Así de mal terminó la aventura de un DT asquerosamente desagradable que supo formar parte del plantel que consiguió la estrella más deslucida de las cinco que tiene en la vitrina nuestro hermano mayor.


Paraguay: en la otra punta del continuum de amor por los soldados patriotas, los guaraníes cumplieron su mejor actuación mundalista, perdieron ajustadamente con el cuco español en cuartos y terminaron 8vos de la mano del Tata, fiel discípulo del DT de la roja chilena, también rosarino. El presidente Lugo los recibió con todos los honores, los condecoró y todo el pueblo cantó, Martinó, Martinó. También le debemos a una hija pródiga de sus tierras la burla al emporio económico y marketinero de la FIFA que dejó escapar, obnubilado por su tetamen, una publicidad de celulares encubierta.


Argentina: como no podría ser de otra manera, los argentinos nos encontramos divididos luego de la gesta africana que nos depositó en el quinto puesto de la clasificación, la mejor actuación en la grilla desde el subcampeonato de las noches mágicas. Haciendo un repaso desde el glorioso '86 en adelante, tenemos el mencionado segundo puesto en una actuación vergonzosa desde lo futbolístico, luego un triste 10mo puesto producto de la eliminación en octavos con piernas cortadas y enfermera en cancha (nunca ocurrió antes ni después en la historia del fútbol mundial) incluídas, un decoroso 6to puesto en el '98 (se queda sin nafta en cuartos con derrota frente a la naranja bergkampiana), un espeluznante puesto 18 con eliminación en primera ronda y sólo dos goles a favor (uno con clara invasión de campo en el rebote del penal frente a Suecia), otro sexto puesto -2006-, tibio y abandónico de la mano de un arquero sin lesión que no pudo continuar su partido por un dolor insoportable en el freezer, y este quinto lugar, con cuatro claras victorias y una estrepistosa derrota frente a la artillería germana que, zeitgeist argentino mediante, nos divide en dos grandes grupos: uno que clama por la continuidad de su DT y fue representado por veinte mil personas que recibieron al plantel en Ezeiza (yo diría a Diego más que a los jugadores, ya que con una actuación similar en el mundial pasado sólo fueron tres mil). Otro que retoma el camino anterior al mundial y pide (en los casos más derechistas, a grito pelado) su renuncia.



Habrá que esperar hasta Brasil 2014 para la revancha. Una revancha que nadará contra la corriente favoritista que pone a Brasil a un gúgol de distancia de los demás competidores, aún sin haber finalizado la copa actual, por su inacabable historia mundialista y su localía. Tal como ocurrió con su equipo en 1950, tal como ocurrió con Italia en el '90 y también, aunque en menor medida, con Alemania en 2006...




miércoles, 30 de junio de 2010

Faltan sesenta y cuatro horas

¿Cómo calmar mi ansiedad, si todo lo que hago para sosegarla no hace más que incrementarla?



viernes, 18 de junio de 2010

Receta del día: Panqueque mundialista

1) Hay muchos futboleros que se dicen hinchas de su equipo con exclusividad y a la hora del mundial putean porque tienen que esperar más de la cuenta para volver a ver a su amado club transitar el anodino camino del campeonato local o la Copa Libertadores. Los hay de los otros, los que nos enamoramos de la Selección y la reconocemos como nuestro segundo hijo, al que amamos con la misma intensidad que al otro. En este segundo grupo estoy yo. Podrán decir que es porque mi club no es de los que suelen regalarle alegría a sus hinchas con asiduidad, lo que constituye una falacia. Acostumbradísimo a "no ganar nada" (la Selección Mayor lleva 17 años sin títulos) , sigo sintiendo la misma pasión por uno y por otro, por la Albiceleste y por Huracán. Debo admitir que en los momentos álgidos la pasión quemera es más arrolladora y ocupa un lugar más grande en mi estado de ánimo (me dolió mucho más el robo de Brazenas contra Vélez en el ´09 que el de Codesal o el del gol con la mano de Tulio, por dar ejemplos, y creo que es por una cuestión de sentirme más acompañado) pero, salvando esas sutiles diferencias, el sentimiento por la Selección es fuerte, tan fuerte como el otro.

Y mucho más cuando está Diego Armando Maradona en el medio.

2) Es tanto lo que se habla, escribe y filma sobre el Jugador Más Grande De La Historia Del Fútbol Universal que no voy a ponerme a filosofar demasiado sobre él y su figura porque invitablemente caería en redundancias. Todos sabemos que divide aguas como nadie. Que despierta odios y pasiones por igual, que es criticado por sus excesos (verbales y de los otros) y que es muy cuestionado por su supuesta incapacidad como DT. A mi, todo eso me importa un rábano. Me preocupan sus adicciones porque me preocupa su salud, y a la vez me río a carcajadas de los que, fumando un Marlboro, comiendo como cerdos, usando pastillas para dormir o tomando alcohol cada vez que pueden, le dicen despectivamente "drogadicto". Disfruto de cada exabrupto verbal porque, aún cuando en contadas ocasiones no coincido con su forma de pensar, siempre implican un grano en el culo de los poderosos, de los almidonados y de los tibios. Me regocijo cada vez que inventa una frase que queda para la historia y cuando pienso que un tipo que tenía destino de gastronómico, portero de barrio o taxista (en los mejores casos posibles) se subió a la cima del mundo y aprendió a analizar, criticar y opinar sobre temas que sobrepasan lo suyo. Y todo de la mano del fútbol.

Sobre el Maradona futbolista no tengo mucho para decir. Sí quiero contarles lo que me produce desde que me enamoró. Yo tenía once años cuando le dijo al planeta "el fútbol se juega así". Él fue quien me enseñó que entre el deporte y el arte puede haber poca diferencia. Por la creatividad y por la forma de conmover. Pasaron veinticuatro años y sigo llorando como un nene cada vez que veo el segundo gol a los ingleses relatado por Víctor Hugo Morales (si estoy solo, con alguien me da pudor aunque es inevitable que mis ojos se llenen de lágrimas que contengo con todas mis fuerzas). Nada ni nadie tuvo o tiene ese efecto en mi ánimo en forma repetida e inacabable.
Siempre que Diego esté implicado en la producción de la Selección, mi amor se redobla y retorna como en el ´86.

3) Hace nueve meses el sentimiento generalizado era la duda sobre el futuro de la Selección. Muchos "tiraculos", esos que siempre se ponen de la vereda de enfrente porque su triste historia de vida les enseñó que es mejor no ilusionarse y criticar a mansalva porque es más piola, porque parece que sabés más y porque, de última, si todo sale bien nadie se va a acordar quién estaba de qué lado, aseguraban que no llegábamos al Mundial. Siguieron en la suya a pesar de la sufrida clasificación sosteniendo que con un DT que no sabe nada de fútbol volvíamos en la primera rueda. Cómo se atreven. "No sabe nada de fútbol". Diego Armando Maradona. "No sabe nada de fútbol". No quiero enceguecerme, sé que le falta experiencia y que en algunas cuestiones tácticas quizás esté un tanto atrasado. Pero vamos a un contraejemplo: Bielsa. Los que dicen que Maradona "no sabe nada de fútbol" se masturbaron durante todo 2009 con el rendimiento de la Transandina de Bielsa en las eliminatorias. ¿Y qué pasó en 2002 con el que "más sabe de fútbol"? Nos volvimos enseguida. Y todavía duele. Esos mismos que endiosan a Bielsa (no entiendo qué laudos tiene para ponerlo ahí y a la vez endemoniar a Diego) son los que piden resultados a toda costa, incluso por encima del nivel de juego. Ni se dan cuenta de su contradicción.

Pero los vientos van cambiando. Esos mismos que en esta oficina le dieron duro por falta de trabajo y por "no saber nada de fútbol", están quedando en ridículo. Piden anular el prode del mundial porque osaron sacar a la Argentina en primera ronda. No saben qué hacer con las cuarenta y tres llegadas al área rival en los dos partidos que se jugaron hasta ahora. Miraron el partido contra Corea de reojo, juntándose para criticar algún error cada vez que podían, teorizando sobre cambios de posición y jugadores como si estuvieran en Sudáfrica 24 horas por día con el plantel. No gritaron los goles. Se rieron de Demichelis y se fueron a trabajar cuando todavía restaban quince minutos para el final.

4) Todos tenemos el derecho a estar en contra de algo que no nos convence o no nos gusta. Pero como todos los derechos tienen un límite, considero que sería sabio de su parte darse cuenta de que sus opiniones pueden ser erróneas. El sabio reconoce sus errores, el necio no. Aún a riesgo de quedar como un "panqueque". Un poco de humor y saber reírse de uno mismo no tiene nada de malo.
En el fútbol no hay lugar para la futurología y un mal planteo hoy puede significar un triunfo mañana. En el fútbol, lo que importa es el presente (no hablo de manejos institucionales, sino de un partido o un campeonato). Lo que no se gana hoy, lo que no se juega bien hoy y lo que no se disfruta hoy, no se puede dejar para disfrutar mañana viendo una repetición (salvo el milagro de gol mencionado ut supra). No de la misma manera. No se puede dejar de gritar un gol por miedo a que después te hagan dos y pierdas el partido. Y es de persona triste, muy triste, esperar el fracaso para ratificar el pesimismo y "tener razón". Es una elección subjetiva: se vive con ilusión o se vive con escepticismo.

Los que elegimos la ilusión somos mucho más felices.

viernes, 26 de marzo de 2010

Fútbol y Oficina (II)

El superclásico (Boca vs. River) es una instancia que siempre despierta el ánimo futbolero con todo su color y fervor. Ayer se completó el trunco partido del domingo y tuvimos la oportunidad de oficializar nuestra rascada de huevos en conjunto frente al plasma, sin culpas ni persecuciones. Festejaron los xeneizes y a lo grande. Hacía mucho tiempo que no los veía disfrutar tanto de una victoria sobre su archirrival, será por el mal momento de los dos, será por el fantasma que sobrevuela el barrio de Nuñez y amenaza con aterrizar el campeonato que viene, aunque me juego la autoría del blog que River no se va al descenso ni sacando cero puntos. Si hay que sacar los promedios (algo que la comunidad futbolera viene reclamando hace muchos años) lo harán el campeonato que viene. Hay que sostener el negocio.

De todos modos, lo que me gustaría comentar hoy es el clima premundialista en la oficina (el mundialista, dentro de un par de meses). La mayoría tiene el fixture estudiado de memoria, sabe qué partidos va a ver en la oficina, cuáles serán disfrutados desde sus casas y cuáles compartirán con amigos. En mi caso, ya tengo todo armado para la primera ronda. Por cábala dejé la fase final de octavos en adelante para ir armándola en función de los resultados.

Las discusiones más ardientes giran en torno a la conformación del plantel de la Selección Argentina. Que Riquelme sí, que Riquelme no. Que Verón sí, que Verón no. Que Messi no es indiscutido, que Heinze se dedique al ketchup (sic), que cuatro centrales en el fondo es una aberración, que tenemos que salir a ganar 7 a 4 todos los partidos, porque con la Pulga y el Pipita no nos para nadie, que Maradona es un burro, etc. Todos tenemos una posición tomada y todos somos técnicos, como decía aquella publicidad unos años atrás. Y acá voy a detenerme, para dejar escrita mi posición, que tantas discusiones me cuesta: Riquelme, no. No sólo porque no quiere, sino también porque no me gusta. Espero que mantenga su poisición infantil y siga esquivando los elogios del entrenador; temo que lo quiere convencer para que deponga su actitud y vaya a Sudáfrica. Que siga descollando en Boca. Verón, sí. Messi es indiscutido, no puedo entender cómo todavía encuentro gente que lo pone en duda. Como dijo mi amigo: "Messi debiera ser el único líder del equipo. Pero no un liderazgo a la manera de caudillos que gritan como Passarella o Ruggeri, sino un liderazgo futbolístico, donde los compañeros lo respetan y confían ciegamente en él, y SIEMPRE sea la 1er. opción de pase de 3/4 de cancha en adelante. A eso agreguemosle otras instancia del juego, como que los penales los tiene que patear él, y los tiros libres nada de Verón, los patea él, sin discusión. Y así con un montón de cosas mas, todo tiene que pasar por él, hasta la atención a la prensa, los otros ni siquiera asomarse a opacarlo, bajo perfil todos y metanse los estrellatos en el culo." (cita textual)

Las apuestas ya empiezan a dibujarse. Algunas simbólicas, otras por plata. En esta oficina, cuando se encuentran dos posiciones antagónicas, hay peligro de desafío rentado. En el mundial pasado, después de gritarle "apátridas" a Podolski y Klöse hasta desgarrarse los músculos de la garganta, Mario tuvo que comprarle un iPod a Gonzalo, hijo de padres alemanes, que se la había jugado por un triunfo germano en los penales. Este año no va a estar Mario pero Gonzalo ya tiene quien le apueste: Yo. Me la juego por los 7 partidos (esto implica que Argentina llega a semis), él, antimaradonista de fuerte convicción, dice que perdemos en octavos. Acordamos que si perdemos en cuartos, nadie paga. El premio: una camiseta de River para él, de Huracán para mi. Él dice que el mundial lo gana España. Se la ve bien a la Furia, muy bien. Habrá que ver si pueden romper el maleficio (como lo hicieron en la última Eurocopa) y se sacan el rótulo de pechofríos de encima.

Creo que es un mundial propicio para los equipos sudamericanos. Veo bien a Chile (mejor que nunca, diría), a Paraguay también, aunque no tanto. Uruguay tiene muchos delanteros temibles y su inacabable historia mundialista. Brasil, demás está decirlo, eterno candidato. Y Argentina cuenta con el mejor jugador del mundo y un Nº 9 que está intratable. No sé si las llaves lo permiten, pero de la mano de un latinoamericanismo incipiente en mi corazón, sueño (deseo, anhelo) con un enorme batacazo viendo a los cinco en octavos y por lo menos a cuatro en cuartos. Que así sea.


lunes, 6 de abril de 2009

Fútbol y Oficina (I)

El fútbol y la política son los terrenos opinables preferidos por los argentinos. Pero debido a las heridas abiertas en la historia nacional reciente, y a la desgraciada difamación de la actividad política mediante el desarme ideológico perpetrado durante la dictadura y perfeccionado en la década de los 90’s, hay mucha gente que prefiere no profundizar en ese tipo de discusiones y dirige su atención al deporte favorito rioplatense, que se ha ganado el titular de los lunes de manera indiscutida.


Los arquetipos


La oficina suele ser un ambiente embebido de fútbol. Siempre hay alguien que entiende, que está informado y que cuenta con capacidad crítica y analítica, sin detenerse solamente en la típica cargada al que le tocó perder el fin de semana anterior (antes decíamos “Domingo”, ahora no se sabe cuándo puede jugar el equipo del cual uno es hincha).
También están los opinólogos, a los que no les alcanza con decir estupideces sin el menor respaldo argumental, sino que además suelen jactarse de sus conocimientos porque wikipediaron alguna estadística inútil y hasta se mofan de aquél que sin pudor reconoce que no sabe nada y/o no le interesa el fútbol, actitud reprochable para cualquier habitante de estos pagos. No los soporto. Prefiero mil veces hablar con ese que no sabe nada y explicarle o enseñarle algo, si está interesado, antes que intercambiar cualquier palabra futbolera con el insoportable y leve sabelotodo que no sabe nada. Así es Gonzalo, que se la pasa gastando a los riverplatenses subido al victorioso e incansable bucéfalo boquense pero no sabe con quién jugó su equipo el día anterior, ni quién es su arquero.
Las chicas, por esa cuestión machista que todavía persiste en el mundo balompié, están exentas de cualquier obligación. Pero cada vez hay más casos de compañeras de oficina que no sólo están muy bien informadas, sino también van a la cancha a ver a su equipo, lo siguen a todas partes donde va y cada vez lo quieren más, independientemente de las preferencias de su compañero, padre o tutor. Las aprecio por default, sean del cuadro que sean.


Las cargadas


Las jodas de oficina relativas al fútbol abarcan un amplio espectro de crueldad. Hoy, con el auge de Internet, es más difícil perpetrar algunas de ellas, pero otras siguen en pie y la inventiva criolla siempe está al servicio del goce por el dolor futbolístico ajeno. Otrora era común hacer creer al pobre diablo cuyo equipo jugaba en horario laboral que había ganado por goleada cuando se estaba comiendo el baile del siglo, y viceversa. Ahora las jodas son ex - post. Cuando descendimos, Mario repartió cintas negras que mis compañeros lucieron durante todo el día en señal de duelo. Cuando ellos se comieron siete goles de local, le dejé en la pared lindante a su escritorio el poster a todo color de la película Pecados Capitales protagonizada por Brad Pitt, le compré la misma cantidad de caramelos para endulzar un poco su mañana, le mandé siete emails consecutivos con el asunto “1”; “2”; “3”, etc. , y en cada uno de ellos la foto del autor de cada anotación, y durante todo el día lo llamé siete veces gritando “¡¡¡goooooool!!!” hasta completar el resultado final.


El fútbol en la oficina argentina está siempre presente. El crecimiento de la industria y sus ramificaciones sumaron nuevos elementos que fortalecieron su omnipresencia y nos moldean , como al resto de los compatriotas, ese costado de la personalidad colectiva y nacional en el que creemos que somos todos técnicos.