Me lo pregunto porque en los tiempos pre-interneicos trataba de matar el aburrimiento leyendo algunos pasajes de esos manuales (N. de R.: matar el aburrimiento con más aburrimiento, es como multiplicar "menos por menos", pensaba) y encontré párrafos deliciosamente ridículos, en particular los referidos a las relaciones ínitmas entre empleados de la firma. Pero respuestas a mi pregunta incial, ni una.
Con respecto a esta cuestión, es realmente increíble que una empresa intente encarrilar por escrito y a tono de ley los sentimientos de sus siervos-empleados. Más increíble aún, es que la legislación los respalde en esta aspiración granhermanesca, y todavía más ridículamente increíble, es que mucha (demasiada) gente piense que piensa que está bien, que la empresa tiene derecho a hacerlo.
Pero no me quiero desviar del tema principal de esta entrada: la heladera. Las oficinas que cuentan con una cocina, kitchenette u office, tienen un potencial foco de conflicto latente y explosivo. En esta oficina en particular estamos atravesando una época especialmente conflictiva, no sé si tendrá que ver con el clima, la posición de los astros, la crisis financiera o el aleteo de una mariposa en Hong Kong, pero en los últimos diez días registré cuatro peleas encarnizadas por el uso abusivo, excesivo y confiscatorio de la heladera.
Caso 1: Nelly dejó en el refrigerador cuatro vasos con tapa llenos de leche materna para su hijo de tres meses, que obtiene con el sacaleche en sus ratos libres. Cuando Mario los vio armó un escándalo mayúsculo, incluyendo falsas arcadas. No voy a justificar a Nelly, pero si la leche hubiera sido de Lucila o de Adela, otra sería la historia...
Caso 2: Gonzalo se comió un yogur de Mariano. Inmediatamente tuvo que bajar a conseguir un reemplazo, bajo amenaza de ser castigado físicamente.
Caso 3: Otra vez Nelly, que me parece que estaba esperando su oportunidad de revancha. Mario dejó mal cerrada la puerta de la heladera y se armó una pelea con efecto bola de nieve que terminó con la misma Nelly llorando y Mario con el traje de villano, que ya es como un tatuaje de cuerpo entero.
Caso 4: a Jorge se le olvidó medio sándwich de atún escondido en un rincón y se pudrió. El lunes, al abrir la heladera temprano a la mañana y en ayunas, Adela se encontró con un olor fétido insoportable que sacó lo peor de ella el día entero. Jorge fue penalizado con la humillación pública y no recibió un sólo mensaje desde recepción durante tres días.
Los ánimos están caldeados y el común denominador de los últimos conflictos es la heladera. Hablar no sirve. Los carteles en la puerta no dan resultado. Las advertencias vía memo son inútiles. La mediación de los directivos es nula (y está bien que así sea). ¿Qué dice RRHH? ¿Encontraré en algún pasaje de su biblia del comportamiento corporativo las recomendaciones y penalidades por el uso y abuso de la heladera? ¿Es ridículo? ¿Es más ridículo que decirme qué tengo que hacer si me enamoro de una compañera?
