miércoles, 5 de agosto de 2009

Family Day

Sábado soleado.
Ver a la gente de la oficina es una patada de puntín en los dientes. Verlos con sus familias en un evento organizado para copiar modelos corporativos foráneos, un pellizco testicular.
El Gerente General ofreció su casa en un country de zona sur llamado Estancia Abril. Mientras me como un choripán junto a mi esposa, mato el aburrimiento debatiendo con ella si el verdadero motivo de su anfitrionazgo responde a la necesidad de disminuir los costos de la empresa, a la de hacer alarde frente a todos de sus ochocientos metros cuadrados cubiertos y su piscina que se ilumina de noche, o a ambos motivos por igual.
Después del postre se arma un partido de vóley y la madre de Nelly insiste en participar. Se cae y se dobla la muñeca: al hospital. Dichosas ambas, adoradoras de los claustros color blanco nosocomio.
El hijo del cadete trajo una guitarra de juguete, le apreta un botón y todos aplaudimos mientras trata de hacernos creer que es él quien interpreta esa canción juvenil. Al ver el éxito de su némesis, el hijo del Gerente de Inversiones, de edad preescolar como el otro, nos brinda el berrinche más ruidoso que he escuchado en toda mi vida. Va a ser gay. Tiene cuatro años, pero puedo firmar con una pluma y mi propia sangre, que de grande va a ser gay. Sabemos que echa al padre de la cama para dormir con la madre, que usa sus tacos para pasear por la casa y le roba los maquillajes, pero la prueba contundente la obtuve hoy al verlo renegar. Ante el escándalo, el padre sumiso sube al auto y vuelve a los cuarenta minutos con un saxo de juguete. A esa altura el mini-cadete ya había dejado su guitarra para jugar a la pelota con los otros cinco rapaces presentes en el evento. Franco, el malcriado, deja el saxo de lado y se junta a tomar el té con las nenas de mi jefa.
Llama Nelly al celular de Lucila y avisa que su madre tiene que hacer reposo dos días antes de volver a usar su mano derecha.
Un par de jefes y gerentes se juntan con sus vasos de whisky y encaran para el campo de golf, ahí nomás de la casa del anfitrión, dejando a sus esposas, novias y concubinas hablando entre ellas. Tres chupamedias se suman a los jerárquicos.
El tiempo no pasa más.
Mario se va con una excusa que no llegué a escuchar. Adela y los suyos se van con él. Viene Adriana, la esposa del Rey del Viejazo. Habla sin parar durante cinco minutos. Sin preguntas, sin lugar para el diálogo. Habla hasta que escucha un grito agudo y sale corriendo al encuentro de su hija. Franco la había arañado.
Mi esposa me pregunta cuándo nos vamos. Llevamos cuatro horas tratando de evadir diálogos aburridos con el mayor disimulo posible. Decidimos que no da para más, nos despedimos de los que están más cerca y nos vamos al cine. A la noche, invitamos a nuestros amigos a jugar al T.E.G. para diluir el aburridazo que nos pegamos, obligados por las putas normas de convivencia de la oficina.

9 comentarios:

  1. BRILLANTE, SOBRE TODO LA OBSERVACION DEL FUTURO BUFARRIN

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  2. Definitivamente y bajo ningún punto de vista hay que acudir a ese tipo de eventos. Cualquier consecuencia de la no participación es mas leve que el terrible embole de la asistencia al evento.

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  3. buenisimo el analisis, te falto agregar una de los posibles motivos del anfitrionazgo, quedarse con todas las sobras de comida y bebida

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  4. ¿Quién paga esos eventos? ¿La empresa? ¿Es a la romana? Dios mio, cuál es la necesidad de juntar universos tan discrepantes como el trabajo y la familia? Para qué??? Que cosa buena puede salir de esa unión?

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  5. Coincido con Barbie, es imposible que de allí salga una buena unión o "algo verdaderamente bueno"
    saludos!

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  6. Jamás voy a las fiestas de la empresa. En ningún trabajo que estuve. Son un asco.

    Mas vale podrían gastar esa plata en un bonus para los empleados a fin de a#o antes que hacer esas pavadas hipócritas.

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  7. En mi caso, la paso peor como oficinista anfitrión de mi pareja que como invitado de ella.

    No logro entender el por qué de este tipo de eventos. Alguien lo sabrá?

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  8. Yo creo que hay una lucha entre la empresa y el aburrido. La empresa intentará colonizar todo tiempo y espacio con el aburrimiento, mientras que es responsabilidad de nosotros, los aburridos, remarcar la línea que delimita el contorno del aburrimiento. Linea que la empresa insiste en borrar...

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