lunes, 26 de octubre de 2009

El Despido (II)

El caso de Marcelo

Este es un caso complejo, el empleado fue desterrado perdiendo todos sus derechos de manera violenta y transformándose en el enemigo público número uno. Proscripto como Perón en el '55. Marcelo ocupó un cargo ejecutivo durante varios años y su situación económica es una de las más holgadas de la empresa. Como suele ocurrir en esos puestos, durante mucho tiempo mantuvo controversias con varios pares, entre ellos, el presidente de la compañía (Richard).
Decidieron que sus servicios ya no eran útiles a los fines corporativos y lo echaron de un día para el otro, sin anestesia. Llegó a la oficina y no pudo loguearse, le preguntó a Javier qué pasaba y éste, casi avergonzado, le dijo que cumplió órdenes, que hable con Richard, que en ese momento estaba cazando perdices en su estancia de Entre Ríos con un Johnny. No le contestó ni uno de sus reiterados llamados. Desorientado, llamó a un par de clientes para anunciarles su desvinculación en voz alta, casi a los gritos. El resto de los empleados lo mirábamos con una mezcla de sorpresa, pena y solidaridad. Ver a un pez gordo caer en las redes de la desgracia laboral genera sensaciones controvertidas. Más aun en el caso de Marcelo, tan querido como rechazado por el vulgo oficinístico.
Unos minutos después llegó el Gerente General con una bolsita de Pharmacity. Apuesto mi sueldo a que esa bolsa contenía Rivotril o algún calmante emparentado. Se encerraron en la oficina del drogón y los gritos se escuchaban hasta la Plaza San Martín. Mediante puteadas mutuas, recriminaciones y amenazas de juicios varios nos regalaron un espectáculo amarillista y desagradable. Marcelo dio un portazo y se fue sin saludar a nadie.

Días después hablé con él y me contó la raíz del problema. Debido a su abultado esquema de comisiones, el año pasado decidieron recontratar sus servicios con una modificación consensuada, incorporando un sueldo fijo mucho más alto que el que tenía (estoy hablando de cinco cifras en dólares, por mes) sin remuneración variable, por los dos años siguientes. La interrupción del vínculo anticipada trajo un problema interpretativo. Marcelo pretendía el pago del contrato completo (24 meses) y la empresa pretendía llegar hasta el día del despido y no pagarle un peso más. Asimismo, el cálculo de la indemnización incluiría lo cobrado y no el contrato completo. La diferencia total ronda los tres cuartos de millón de dólares y las cartas documento ya están a la orden del día.

Como mencioné ayer, son muchas las variables que determinan la forma de desvincularse de un trabajo. Cuando es la empresa la que decide el final, entran en juego la historia de la relación entre el empleado y sus empleadores, las ganas del trabajador de quedarse, los modos, modismos y reacciones en el diálogo final, la posición económica del empleado antes del despido y, muy por encima de todo, el arreglo económico.


Pablo y Marcelo representan dos posiciones opuestas atravesadas por el mismo aspecto regulador: el dinero. Siempre el cochino dinero. Cochino, sí, pero como dice sabiamente Manolito, debemos admitir que cuando lo tenemos no nos ponemos a cuestionar su higiene.




6 comentarios:

  1. Un sabio me dijo:
    "Una patada en el culo te hace dar un paso adelante"
    Y definitivamente lo creo así...

    Mis felicitaciones por el blog, muy muy entretenido, estoy copada con la historia de Lucila y Mariano, ayyyy que ansiedadddd!

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  2. Cuando te llaman al cuarto 101 o similar, lo ultimo que se debe hacer es gastar energía en intentar cambiar la decision, en convencerlos del error que cometen, prometer que algo cambiará, etc, etc. Lo mas productivo es pelear por el dinero.

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  3. Cuando te llaman al cuarto 101 o similar, lo ultimo que se debe hacer es gastar energía en intentar cambiar la decision, en convencerlos del error que cometen, prometer que algo cambiará, etc, etc. Lo mas productivo es pelear por el dinero.

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  4. Cierto, lo único productivo es pelear por el dinero.

    Tal vez por eso la situación de Marcelo no me conmueve. La historia es sólo sobre el dinero y se arregla en tribunales (y por lo general pro "operario").

    En cambio el despido de un oficinista aburrido en las condiciones de Pablo, parecen situaciones de justicia cósmica.

    Saludos!

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  5. Totalmente de acuerdo, Anonimo.

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