jueves, 1 de octubre de 2009

La tarjetita magnética

Hace un par de años tuve la mala suerte de perder la tarjeta magnética que me abre las puertas de la oficina, en un hecho inusitadamente desafortunado.
Soy de llevarla colgada en esos adminículos que tienen un ganchito y un elástico para estirar la tarjeta hasta el lector. Pero yo la uso adentro del bolsillo, porque me desagrada en demasía ver a los muñecos microcéntricos luciendo con orgullo su ineludible calidad de oficinistas colgando de la cintura. Más aún cuando tienen el logo de su empleador, pero en esos caso más que desagrado, me provoca un poco de lástima.
Volviendo a lo anterior: regresaba a mi lugar de trabajo cuando, al acercarme a un kiosco para comprar unos caramelos que me pidió Nelly porque le dolía la garganta, con un movimiento torpe saqué unas monedas del bolsillo y salió despedida la tarjeta, que había sufrido la rotura de la parte plástica que la unía al adminículo mencionado ut supra. Manoteé el aire inútilmente intentando atajarla pero fue peor, porque con la yema de mi dedo mayor izquierdo la alejé un poco más de mi alcance y, como si se tratara de una comedia de enredos en la que todo lo insólito puede ocurrir, rebotó dos veces (sí, dos) en el asfalto y se fue a visitar a los primos hermanos de mis empleadores, las ratas de alcantarilla.
Cabizbajo, me registré en la recepción del edificio y entré como "Visitante", por el molinete de la izquierda.
Pero la mayor sorpresa me la llevé al contar en la oficina lo ocurrido. Le pedí a Cristina la reposición de la tarjeta y me dijo que iba a tener que pagarla yo, porque el mes pasado el cadete la había perdido y se la descontaron del sueldo. Cuarenta y tres dólares más I.V.A. Espeté una carcajada falsa y sonora que puso a Cristina con los pelos de punta. Pero los míos eran más filosos. Le expliqué que eso no iba a ocurrir, que si me tenía que registrar como visitante de ahí en adelante lo iba a hacer, que si me tenía que quedar en casa hasta considerarme despedido por no poder ingresar a mi lugar de trabajo, tenía una lista de cosas muy larga para hacer más entretenidas que venir a la oficina, y terminé diciéndole que me parecía una aberración lo que hicieron con el cadete y que iba a hablar con el Gerente General. Al escuchar esas dos palabras, mi jefa reculó y me dijo que estaba bien, que me la iban a reponer, pero que con esa actitud no iba a llegar muy lejos. Con un tono mucho más amigable y solapadamente sobrador, le dije que si yo permitía que me cobraran para entrar a mi trabajo, tampoco.
Así fue como volví a tener la llave que me abre las puertas a este manicomio, en donde los proletarios tenemos que pagar nuestros pasajes de subte, tren o bus y ahora también las tarjetas extraviadas, mientras los que más ganan tienen autos (y sus gastos) pagados por la empresa y, desde ya, no deben poner la plata de su bolsillo si pierden la reputa tarjetita magnética.


9 comentarios:

  1. si hay algo que detesto, tal como vos comentás son los muñequitos con su camisa legacy, su "yoyo" con la tarjetita caminando por paseo colón, yo suelo guardarla en la billetera o en el bolsillo, sin el "yoyo" porque se me rompió a los 2 meses de haber entrado a trabajar a la empresa y nunca lo arreglé.
    yo también la perdí, más de una vez. la primera me la regalaron, la segunda me la cobraron como diría la canción, pero solo $15 + iva. cosa me parece aberrante a mi también.
    Saludos!

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  2. No sé si ponerme contento por no ser el único al que le quisieron cobrar, o armar una revolución contra la patronal pelotuda (90% o más) de este país. La verdad es que son detestables.

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  3. A mí tambien me dan mucha lástima los oficinistas que andan por la vida con la tarjetita colgando.
    Es como si tuvieran tan baja la autoestima, que creen que eso los hace un poquito más importantes...




    Pobres, no???

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  4. Bien ahí Oficinista! Esa es la actitud!

    La mayoría de oficinistas que gustan andar haciendo alarde de sus tarjetas magnéticas en microcentro son mujeres.

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  5. A las vacas las marcan en la yerra, y de ahi al matadero. A los oficinistas les adhieren la tarjetita, y de ahi..... a la oficina!

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  6. Es cierto, a las chicas les gusta que les cuelgue la tarjetita más que a los hombres, no sé por qué será.

    Muy buena analogía, Ale.

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  7. cuando perdí la mia me costó 20 pesos la reposición de la misma, y me pareció una forrada de la empresa. pero 43 dolares + IVA (o sea 200 pesos) me parece algo completamente absurdo y casi inmoral. espero que semejante diferencia entre el costo de tu tarjeta y la mia sea porq vos con la tuya podes ingresar a la cancha, viajar en subte y comprar el diario, sino no entiendo. y pobre el cadete q la tuvo q pagar!

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  8. Yo en mi empresa debo apoyar el dedo pulgar en una pantalla, asi que por suerte no tengo que andar con una tarjeta que, dado el grado de distracción con el que me manejor diariamente (sobre todo en horas matinales), podria haber perdido INNUMERABLE CANTIDAD DE VECES.

    Mi solidaridad para con el cadete.

    Saludos ! y buen finde.

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  9. Y el cadete se entero de que vos no la pagaste? no abrio la boca por lo menos...pobre pibe. Igual siendo cadete te lo podes cobrar de varias formas, una de ellas cuando te mandan a un lugar en taxi...en mi epoca de cadete creo que nunca me tome un taxi, me quedaba con la guita y me iba en bondi o subte jajaaj

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